Me paro de repente.Al fondo de mis ojos encuentro el sol rojizo, cayéndose. Apenas roza el horizonte. Un poco más cerca, distingo tantos prados y campos verdes, que me volvería loca si los contase todos. Algunos tienen en el medio justo una casita amarilla, como de cuento de hadas. Me pregunto qué será de la gente que vive en ellas; es probable que muchas no sean muy felices, o que tengan muchos problemas; algunas afortunadas serán más o menos felices. En todo caso, no me cabe la menor duda de que en estos momentos, si se asomasen al paisaje que veo yo, se sentirían unos privilegiados. Y es que sin duda lo somos.
Un poco más cerca de mis ojos miopes, unos perros juegan a algo extraño, dando vueltas sin parar, como buscando algo que no existe. Sonrío.
Eh, tu!
Que?
Vamos?
Si, claro.
Por qué te has parado?
Porque lo que veo es marabilloso...


Ciertamente, nunca somos conscientes de lo que tenemos hasta que lo perdemos.